miércoles, 9 de octubre de 2024

contar la misma historia

Cuéntame de tu cielo que yo me disocio,
Me arranco a mi cielo mientras se te pasa
la adrenalina de hablar de tus cosas.
Yo me voy a júpiter, y sin romper nada, todos felices.

O bien,

Prendan ese mic
Tengo algo que decirles
Bajen un poco la luz
Y abre esa botella que hoy
Hoy me pienso emborrachar 
De tu historia personal
Elige qué quieres contar.

Dos maneras de contar la misma historia, una desde la joda, y la otra desde el amor, comprensión y ternura.

Si quiere saber de qué va, se la cuento feliz de la bidah: porque lo de *historia personal* aplica como referencia a otra historia medio loca, pero algún día, lo juro!

En fin, la primera podría ser una vieja aburrida, ya cansada de haberle puesto oreja a las historias de cada hijo de vecino que le quiere transmitir su mundo interior.

La segunda, es un acto reqlo de generosidad: cuéntame q te paro la oreja, y más encima me divierto, voh dale washita q la estoy pasando pulento. Y eso po. 

Vaya uno a saber si una es más mejor q la otra, el punto es q ¡¿Por qué ibas a tener q elegir sólo una?! Es más, por qué no inventar tu propia forma, o WOW! tus varias maneras de esa cuestión. Ay qué divertido!

lunes, 7 de octubre de 2024

zzzzzz

Parece que me fui al chancho...

Igual, para ser justos, yo tendría que ser un soberano pelotudo para no ponderar las palabras que uso cuando son más fuertes de lo que tu oreja sensible es capaz de digerir. 

Y pongámosle que soy un pelotudo (que no lo soy, pero parece que en el marco de las cuentas de insta no aplica la libertad creativa), supongo que como pelotudo tengo todo el derecho de pelotudiar a mi pinta, y convertirme un día en el payaso del pueblo, y al siguiente en el sexybarrigón, y al siguiente en deportista y así y así.

Pero está bien, me fui al chanchito, satanizar a alguien puede que sea muy fuerte, sobretodo porque zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz

domingo, 6 de octubre de 2024

Las clases de la awela Pt.1

Mi awela nos enseñaba cosas re pelúas cuando éramos chicos. No le gustaba ponernos tele así que se preocupaba según ella de enseñarnos cosas importantes.

Lo organizaba de la siguiente manera: cada dos semanas tenía una clase distinta, aunque a veces las repetía. Por ejemplo, hubo un lunes que tocó aprender qué había detrás de los enchufes, y al siguiente nos metió debajo de los lavaplatos y nos puso a limpiar los sifones y wácala. Ahí le pedimos que cambiara el tema porque wácala po.

Una vez, de una clase que prometía ser de geometría, dibujó una escalera en su espejo (que ocupaba de pizarra la vieja cagá). Mientras nosotros nos mirábamos pensando que nos iba a pedir calcular escalones y esas cosas, la awela empezó a hablar de lo que pasaba cuando subíamos escaleras. Dijo que no sabía lo que pasa cuando bajabas, pero que tenía clarísimo lo que ocurría al subir, y q era un algo con nombre raro y q era una forma de identificar el estado de ánimo de las personas. Según ella, pq todavía no sé si le compro tanto, todas las personas suben las escaleras de acuerdo a su pará ante la vida. Si miras para arriba o para abajo, si te saltas un escalón, si te afirmas o si vas muy lento o trotando, qué sé yo, decía ella, Es un asunto q no se puede entrenar, resulta innato en las personas y representa su disposición a ...ZZZZZ

Contado así suena latero, pero la vieja tenía la gracia de hacer que su argumento nos pegara fuerte. Ahí partíamos nosotros, movidos por una curiosidad incondicional, a probar cómo era que nos poníamos al subir la escalera, necesitábamos todos con urgencia conocernos mejor y ver cómo nos portábamos en situaciones parejas para todos, donde no se podía hacer trampa, porque la awela explicó que era una disposición innata, improgramable.

Al final, la vieja era tan hábil que nos peleábamos por lavar la loza, hacer las camas, barrer el living, y todas las cosas fomes que ni se te ocurriría meter en una clase. Siempre había una bombita de curiosidad que instalaba cuidadosamente dentro de la casa. Así se aseguraba de mantenernos a todos en la misma sintonía.