miércoles, 9 de octubre de 2024
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lunes, 7 de octubre de 2024
zzzzzz
domingo, 6 de octubre de 2024
Las clases de la awela Pt.1
Mi awela nos enseñaba cosas re pelúas cuando éramos chicos. No le gustaba ponernos tele así que se preocupaba según ella de enseñarnos cosas importantes.
Lo organizaba de la siguiente manera: cada dos semanas tenía una clase distinta, aunque a veces las repetía. Por ejemplo, hubo un lunes que tocó aprender qué había detrás de los enchufes, y al siguiente nos metió debajo de los lavaplatos y nos puso a limpiar los sifones y wácala. Ahí le pedimos que cambiara el tema porque wácala po.
Una vez, de una clase que prometía ser de geometría, dibujó una escalera en su espejo (que ocupaba de pizarra la vieja cagá). Mientras nosotros nos mirábamos pensando que nos iba a pedir calcular escalones y esas cosas, la awela empezó a hablar de lo que pasaba cuando subíamos escaleras. Dijo que no sabía lo que pasa cuando bajabas, pero que tenía clarísimo lo que ocurría al subir, y q era un algo con nombre raro y q era una forma de identificar el estado de ánimo de las personas. Según ella, pq todavía no sé si le compro tanto, todas las personas suben las escaleras de acuerdo a su pará ante la vida. Si miras para arriba o para abajo, si te saltas un escalón, si te afirmas o si vas muy lento o trotando, qué sé yo, decía ella, Es un asunto q no se puede entrenar, resulta innato en las personas y representa su disposición a ...ZZZZZ
Contado así suena latero, pero la vieja tenía la gracia de hacer que su argumento nos pegara fuerte. Ahí partíamos nosotros, movidos por una curiosidad incondicional, a probar cómo era que nos poníamos al subir la escalera, necesitábamos todos con urgencia conocernos mejor y ver cómo nos portábamos en situaciones parejas para todos, donde no se podía hacer trampa, porque la awela explicó que era una disposición innata, improgramable.
Al final, la vieja era tan hábil que nos peleábamos por lavar la loza, hacer las camas, barrer el living, y todas las cosas fomes que ni se te ocurriría meter en una clase. Siempre había una bombita de curiosidad que instalaba cuidadosamente dentro de la casa. Así se aseguraba de mantenernos a todos en la misma sintonía.