martes, 26 de noviembre de 2019

El maldito

No conozco a Gustavo.
Tampoco a Fabiola.
Muy probablemente nunca los conozca.
No pretendo con esto llorar sus lágrimas ni apropiarme de su dolor.
Es que intento ponerme en sus zapatos y no me gustaría estar ahí.
Intento pensar cómo le explicaría a mis hijos que ya no podemos jugar como antes pq el papá no ve.
Cómo prender un cigarro, cómo tostar un pan. Cómo hacer una clase, cómo....
Por la chucha no puedo. No me aguanto el odio de las vísceras. No puedo dejar de pensar en ese ser humano maldito que tiene toda la culpa. Ya no me hace gracia su humor de meme, ahora sólo quiero verlo pagar por todo. Por toda la sangre que le puso a la calle, por todos los mártires que nos deja su dogma, su falta de humanidad, su estúpido liderazgo internacional. Me faltan adjetivos y me sobra rabia. Me gustaría verlo atragantarse de un ataque de tics, verlo podrirse, verlo vomitar con sangre cada uno de los ojos que se ha llevado. Verlo de rodillas y escuchar el más hondo de los quejidos salir de su garganta. 
No hay espacio ya para humanizarlo, no le queda holgura. Ya no puede reclamar nuestra empatía, tampoco indulgencia. Sólo le queda apostar a salvarse en su pozo de mierda, con la ayuda de su séquito de coprófagos. 
Espero que no, que no pueda salvarse, que lo parta un rayo, por último, pero que no se salve.


miércoles, 13 de noviembre de 2019

Paz

Si me tocan los ojos 
Se cerrarán por reflejo
Dolerá y arderá 
Y algunas lágrimas vendrán 
A recordarme que hubo dolor
Que mi ceguera instantánea 
Tuvo un principio
Que me juzgó un balín 
O que me dispararon gas
Que me apretaron los sueños
Hasta volverlos inútiles 
Ridículos y vergonzosos.

Si me tocan en cambio
Con cariño en el centro mismo
De mi odio reaccionario 
De mi resentimiento secular
Nada más que con un leve gesto
De genuina empatía 
Que signifique humedecer
Con dos o tres gotas
Tu árido confort
O al menos levantar tu voz
Para intentar sostenerme
Cuando me lance a soñar.

Será ahí, recién en ese punto
Cuando brille un nosotros
Y te juro que no interrumpiré más 
El pasto seco de tu comodidad.