jueves, 12 de septiembre de 2024

el amor se va

El awelo pasó un tiempo bien como la corneta después que se separó de la awela.
Nos contó una vez que no dejaba de soñar con una mano muerta que lo agarraba sin soltarlo. 
Iwal mi awela se iba al chancho, pq le pedía más weás que la chucha al viejo, como si el loco tuviera capacidad infinita. Al final reventó el pobre y entró en una dinámica bien fome de echarle la culpa a sus espectadores, la culpa del bullying, decía él, no es de la víctima ni del wn que molesta, no cabro chico, la culpa es de todos los wnes que miran o se ríen sin hacer na.
Pasaron hartas terapias para quel viejo se sanara, iwal la cagó un poco pq si bien trataba de no caer en provocaciones, le salía tan fácil y necesario discutirle a la vieja, y al final él siempre quedaba mal, por intenso y agresivo. 
En fin, los awelos tuvieron que volver a hablar, con una cantidad brutal de intermediarios y gracias al pulento, al final llegaron a ponerse de acuerdo. Nosotros, los nietos, tenemos recuerdos vagos de todo lo que pasó, pero nuestros papis nos cuentan, y aunque parezca imposible de creer, empezamos a entender de a poco cómo han envejecido los viejos: a tiraje lento, y a ir dejando sin efecto las boletas por los dolores que se achacaban el uno al otro.
Al parecer el proceso de los viejos fue lento y difícil, y terminó hace no tanto tiempo. En todo ese rato cada uno (hijos y nietos) aprendió cómo ser feliz obviando esta mocha interminable, así que tampoco es para tanto, pero se volvió legendario en nuestra familia, tanto que celebramos todos los años el día en que volvieron a hablar. Es um mambo que ni te cuento, es que para nosotros es una navidad.

Satanás

 Tenía como 23 o 24 cuando conocí a Satanás. Y seamos honestos, después de vivir todos mis años anteriores alejado de la oscuridad de ese caballero, como que me tentó y le quise echar ganas a conquistarlo.

Al final, el me conquistó a mí. Me regalaba con cuentagotas un cariñito al día, así bien dosificado para que no se le fuera a terminar muy pronto.

Yo, como bien me habían enseñado de chiquito, lo di todo, lo daba todo una y otra vez, con una fidelidad hacia don Sata tan estricta, que terminé corrompiendo las fidelidades que me correspondía conservar con mis familia, mis amigos y en realidad con cualquier persona.

Como ustedes saben, y como ya conocieron a Satanás siendo Satanás, si no le das a él lo que quiere, te va a empezar a quitar poco a poco tu vida, te empieza a poner grilletes y encima de todo te pone estándares tan altos para que cumplas con él, que resulta agotador y doloroso darle en el gusto.

Después de una depre fuerte, de una soledad dolorosa y de una cesantía y falta de morlacos, Satanás en vez de ayudarme me hundió más.

Al día de hoy, vivo pagando las consecuencias de haber huido de sus garras. Satanás me quitó a mis hijos, no me permite verlos, los obliga a vivir en una burbuja que en estos días ya empezó a mostrarse como nociva y dolorosa para ellos.

Por ejemplo, mis hijos no pueden ver tele, no pueden hablar por wsp con su papi, no pueden comer lo que quieran, no pueden elegir a qué colegio ir, comen arroz con huevos o salchichas todos los días (porque a Satanás no le alcanza con 20 UTM al mes, que es lo que me pide, cuando encima mi sueldo es de 25 UTM, es decir, vivo en la miseria porque Satanás nos obliga).

Lo más triste, es que yo le hubiera dado más de lo que me roba, pero a estas alturas no me queda crédito para compadecerme de ese monstruo, tan falso y tan tramposo como lo más horrible que me ha pasado en la vida.

Sí amigos míos, uds tenían razón, me metí donde no me tenía que meter. Pero cómo les explico que mis hijos son unas estrellitas brillantes llenas de amor, comprensión y ternura, que necesito verlos felices y no sometidos a un modelo de crianza totalmente irresponsable.

Pero acá estamos, dando cara, buscando alternativas para que el monstruo no pueda seguir escondiéndose en su victimización poco creíble, para que termine acorralado en sus mentiras elaboradas y tramposas, para que se le devuelva todos y cada uno de los males que ha implantado en nuestra familia.