martes, 31 de agosto de 2021

Pogo

La lisztomania podría ser un tipo primitivo de pogo. 
El síndrome de Stendhall una forma muy particular de pogo, aunque se cuenta que lo inventaron en alguna tocata anarca, y que nació de un arrebato grupal en el público. La música estaba buenísima, necesitabas moverte y patalear, comentaba un testigo entrevistado años después para el documental "Sobredosis de Belleza en el Siglo XX", escrito y dirigido por Paul Thomas Anderson, y disponible en Netflix a partir de marzo de 2023.

"El último pogo de Rita maldita" debe ser un librazo, aún no lo leo pero me tinca mucho mucho. Es que el título está muy bueno.

En Bossa&People de El Kuelgue, el lagrimeo exquisito de la segunda parte es sólo por un poco de pogo allá loco!. 

Mi pogo favorito fue en un recital de NIN, donde las luces y la música te picaneaban las patas para agitarlas contra lo que se moviera, fue muy divertido la verdad.

El peor de todos ya no sé en qué concierto fue. La violencia ahí era por gusto, un mosh monárquico donde los más rudos te pegaban sin nada de compasión, como apurados por ponerse una corona invisible de animal alfa. Los demás, los más escuálidos, nos metíamos igual a recibir alguna manopla o puntapié inolvidable, sin el jugueteo de un pogo como dios manda, y aguantando con el único afán de decir yo estuve aquí. No me hizo gracia ni valió la pena el recuerdo.

Este popurrí bien podría ser una forma de pogo, pero eso sería muy forzado.

sábado, 28 de agosto de 2021

Flor

Hay flores para erigir edificios

Hay flores para endurecer erecciones interminables.

Hay unas para agraciar el aire de la casa.

Y otras para conquistar abejas.

Hay una que para el tiempo, 

Y te espeja tu mejor lado.

Hay una flor en tu sien

Salivando pétalos y unicornios.

Y esta la más bella,

Esa flor eres tPERO CÓMO SE TE OCURRE QUE VOY A REMATAR CON UN "eres tú" POR LA CRESTA OOH.


lunes, 16 de agosto de 2021

El Baile

Ahí en el instante mismo en que eliges tu nueva Canción Favorita.
En ese justo momento la magia agarra vuelo y se hincha de glitter.
Cuando el pasado se aproxima más que nunca al presente.
O cuando el presente se dilata y no se disuelve así paf!
Como un niño radiante celebrando con las manos en alto,
Que acaba de armar la torre de legos más alta de su vida.
Una victoria que parece mundana, pero que guarda
Los secretos ancestrales del Paraíso.
Uno elige su canción favorita, y es como si
Pudiera agarrar un montón de agua con las manos
Sin verla escurrir entre los dedos.

Hoy he designado a mi nueva canción favorita
Con querer y sin querer al mismo tiempo.
Me babean las papilas, me brillan los ojos.
Pero sobre todo mi garganta canturrea
Como si no hubiera mañana.

viernes, 6 de agosto de 2021

warhol

Candy warhol, la golosina que te asegura 15 minutos de placer.
Dandy warhol, el señor elegante que tarda 15 minutos en revelarse como un imbécil. 
Rusty warhol. La manzana partida que se oxida en 15 minutos. 
Party warhol, los 15 minutos de risa que salvan el carrete.
Worthy warhol, los 15 minutos que te salvan la vida.
Pretty warhol, la belleza que se apaga después de 15 minutos (o un orgasmo).
Thisty warhol, la sed que se acaba al quiceavo vaso de chela.

jueves, 5 de agosto de 2021

Hysteria Inn Story Pt.6 / El Patio de Juegos (Fin)

En la recepción la esperaba Sigmund, con los ojos medio húmedos y el pechito inflado. A la distancia Carlos Gustavo, el Joven, miraba con recelo y envidia. Su sombrío inconsciente colectivo, con sus sincronías y mandalas, no alcanzaron a llamar la atención de Ana, que avanzaba toda cocoroca por la alfombra roja montada por el austríaco.

El Patio de Juegos de Sigmund (Tummelplatz, en alemán) era el lugar donde aspiraba llevar a sus pacientes, un espacio de completa libertad donde no se anticipaban moralidades ni restricciones sociales. Ana entró sin dudarlo, se sentía preparada, este era el lugar de sus sueños, lo que sabría más adelante como su lugar favorito. 

A diferencia de las otras habitaciones del Hysteria Inn, acá no estaba sola, la compañía era un imperativo para practicar la libertad a la que la empujaba Sigmund, sus padres, sus hijos, sus hermanos, sus amores y sus amigos, todos aquellos ante quienes Ana pudiera presentarse desnuda. Porque sí, estaba desnuda, y se paseaba por la habitación con el relajo que uno siente cuando nadie está mirando, como quien dice más contenta que la conshetumare.

La chica se sentía pletórica, podía hacer lo que quisiera y todos a su alrededor no harían más que aplaudirla y gozar con sus caprichos. Intentó pintarse el pelo, convertirse en un bicharraco asqueroso, tatuarse un arcoíris bajo el vientre, intentó llorar, patalear, excitarse y enfurecerse, incluso todas al mismo tiempo, y nada, sólo recibía elogios, abrazos o palabras de afecto, cosa que la inquietaba, claro, porque había perdido la costumbre, si es que alguna vez la tuvo.

Cuando era niña y su padre le contaba fantasiosas historias sobre su extravagante apellido, Ana Datrevil lo miraba con credulidad a los ojos. La exaltación crecía cuando su padre inventaba alguna ascendencia imposible, por ejemplo aquel sábado de agosto en que le explicó que Datrevil no era más que una enredada traducción de la palabra EUDEMONÍA, es decir, que su familia llevaba arrastrando por generaciones una predisposición genética hacia la felicidad o satisfacción o plenitud o ponle tú el nombre que quieras.

Lo cierto es que Ana había elegido su habitación predilecta, y también había iniciado un camino lejos de la trayectoria genética que su padre le inventó de pequeña. Decidió darlo vuelta todo, volver al principio e ir más atrás si fuera necesario, ir en reversa pero con la vista al frente, y aprovechó para modificar su nombre como una declaración de principios (y también como una broma). Ana Datrevil se leería hacia atrás, y ya nadie podría seguir su genealogía. El Hysteria Inn sería administrado a partir de hoy por la Señorita Ana Livertad.