Saul y Kim no fueron pareja, fueron corte real en un reino inventado: él, bufón con peluca torcida; ella, reina con sonrisa de cuchillo.
Juntos firmaron condolencias falsas, montaron funerales vacíos y regalaron flores envenenadas de risa.No amaban como santos ni como héroes: amaban como villanos íntimos, celebrando la desgracia con brindis de café barato.
Si el amor verdadero existe, tal vez es eso: dos locos que convierten el luto en broma privada, dos almas que hacen del desastre su ceremonia nupcial.
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