Bastaría una tarántula (o un micky mouse de 2 metros) para acabar instantáneamente con la más decidida de mis intenciones.
Podría pasar días enteros empachándome de abulia, pero no moriría de aburrimiento.
Algunas veces, solo por jugar, sobreescribo la música que cristaliza el agua, y a veces soy un genio y otras no mucho.
Puedo hacerle frente a la muerte (supongo), pero para desestabilizarme no hace falta nada más que una mirada condescendiente o reprobatoria.
Soy un hombre de placeres simples y la mirada perdida. Vivo un poco en mi cuerpo, un poco en el tuyo y a veces en ninguna parte.
No tengo idea acerca de conversaciones prehechas, no entiendo de estrategias para una buena comunicación ni soporto la idea de manipular a otra persona con métodos subliminales.
Y punto.
Siempre me han generado irritación las autodescripciones.
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