lunes, 11 de enero de 2021

Buscando a Wally


Wally se ha escondido toda la vida, como un acto lúdico y de tierna defensa personal, se ha camuflado tanto como ha podido escapando a los ojos de varios. No le importa mucho si lo pillan o no, si acaso lo sorprenden encendiendo un cigarro o meneando una bandera revolucionaria. Le importa un comino eso. Ahora le resulta divertido.
Dotado de su inmortalidad, ha posado por varias épocas de la historia frente a los ojos de los dinosaurios y de los torpes vanguardistas. En cada año, en cada nuevo juego, se frota las manos a la espera de las miradas reprobatorias de los que envejecieron, de los entusiastan que lo buscan como si fuera un grial santo, y de los nuevos ojos que más bien lo ignoran.
Estos últimos son los que más disfruta, los nuevos, porque son ellos los que lo desafían,  los que lo obligan a renovar su juego, a inventarse nuevos trajes y formas para ocultarse, a llamarles la atención y generarles interés. Los otros ya están perdidos, los otros quedaron atrás, los más viejos desdeñando sus novedades y los del medio idealizándolas. A Wally no le interesan, sólo se preocupa ahora por despertarse en los ojos de la vanguardia, de la sangre nueva y llena de inocentes y vagas premisas.
Búsquenme! Dice Wally, sigan buscándome para que no se acabe mi juego, mi obsoleto y aburrido juego.

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