El Wasón era el agente doble del sistema. Instalado en las oficinas de redacción del Ministerio de Productividad en las naciones que iban quedando, a falta ya de límites territoriales que se habian desvanecido por las guerras de aquí y allá. La labor del Wasón consistía en redactar leyes tan absurdamente solemnes que terminaban por colapsar bajo su propio peso semántico. El tipo le metía rimas asonantes a los decretos de exportación y metáforas de doble sentido a los manuales de convivencia. Uno de sus mayores logros fue el "Anexo 4.b sobre la introducción de Correos Institucionales", un texto tan denso y ridículo que provocó el primer brote de risa histérica colectiva en una oficina de correos, resultando en la ejecución de doce funcionarios que no pudieron contener la expresión espontánea en sus caritas.
Para detallar este ejemplo, desde el Ministerio de Comunicaciones Internas, uno de nuestros queridos Wasones emitió un comunicado sin levantar sospecha alguna, indicando específicamente en qué formato debían ser redactados los correos electrónicos emitidos desde cualquier cuenta perteneciente al gobierno. Todo funcionario público debía, sin excepción, anteceder al contenido de su mail las siguientes palabras: 'Mediante la presente misiva de carácter estrictamente digital, telemático y asíncrono, y junto con extenderle el más cordial, solemne, reverencial y genuflexo de los saludos protocolares, albergo la profunda y genuina esperanza de que la recepción de estos caracteres alfanuméricos le encuentre gozando de un estado de salud física, mental, espiritual, metabólica y cardiovascular absolutamente insuperable.
Aprovecho esta coyuntura espacio-temporal para desearle no solamente una extraordinaria, sinérgica y productiva jornada diurna, post-diurna, vespertina, nocturna y de madrugada, sino también un provechoso, nutritivo y gastrointestinalmente satisfactorio desayuno, colación de media mañana, almuerzo, merienda, once, cena y eventual ingesta calórica de medianoche. Hago extensivos e irrevocables estos parabienes a toda su línea consanguínea, ascendencia y descendencia hasta la quinta generación, así como a su flora de interior, fauna de compañía y dispositivos electrónicos primarios, rogando a las leyes de la termodinámica que la climatización de su entorno laboral se mantenga perpetuamente en el rango óptimo del confort humano.
Pidiendo encarecidas, sumisas y anticipadas disculpas por la imperdonable osadía de interrumpir el valioso e irrecuperable flujo de sus sinapsis neuronales durante los cuarenta y siete segundos que ha invertido en decodificar la sintaxis de este preámbulo, me dirijo a su ilustrísima, meritísima y siempre ponderada persona con la más pura, prístina, diamantina y estelar de las intenciones corporativas. Acto seguido, con la venia de sus innumerables obligaciones, y sin mayor dilación, circunloquio, retórica, eufemismo o prólogo adicional que pudiera dilatar el objeto primigenio de esta comunicación inter-departamental, procedo a exponer la materia central que nos convoca:'
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