Las dos primeras, el Findesemana y la Rosalía, levantan a una Fama maldita, como una cosa rara que te puede ser tanto bien como mal. Lo mismo hacen Bowie con Lennon. El último metió la letra a uno de los temas más requetecontra pulentos del Duke Blanco (dale color qlo!), Pero al final van pallá mismo, a la condenada fama que tiene dos filos.
En fin, los pobrecitos ídolos que son taaaan famosos que no pueden lidiar con la fama y sus excesos, ah! pero lo comido y lo bailado...
Y por el otro lado, los grandiosisisisimos Babasónicos con su Putita, para decirnos que la fama vale pirulín si es que no se obedece la misión básica: agarrar la galletita, probarla con devoción, y dp pasarla al siguiente, y así y así. De eso se trata, que eso tan fascinante que encontraste se pueda compartir y todos felices como ermanos y blablabla.
Luego mis favs, El Kuelgue (con el vocalista de los babas, coincidencia? No lo creo), para invitar a la mismisima Rosalía a que use su fama para que el sabor se vuelva primavera, para que la Rosalía no sea un puro heladito que uno se come una tarde de primavera, y que en cambio pueda ser la primavera misma (algo así como más para todos que para unos poquitos). Eso sí, hay que entrar a la secta dudosa del Piano Bar.
Todo esto bien puede ser un delirio de un ser humano excedido en serotonina, pero me permito el margen de la interpretación libre y los desvaríos poco elegantes, por qué? Porque puedo no más, jeje.
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