Hoy me urge contar una historia que no tiene mucho que ver conmigo. Aunque por supuesto soy el protagonista, es el Amo el que aparece a darle waraca al cuento.
Resulta que estaba yo descansando al sol, mientras esperaba que el Amo volviera de quién sabe a dónde va cuando me deja solito en el depa, y de pronto tocaron la puerta. Olía al Amo, pero diferente. Tocó varias veces la puerta hasta que me arriesgué y abrí con mis patas súper pulentas.
Era el Amo, pero en una versión mini. Estaba apurado, decía que buscaba al Amo adulto para decirle algo IMPORTANTÍSIMO. Le expliqué que el Amo adulto había salido, que ni idea de a qué hora volvía, pero que yo lo podía ayudar (me senté, inflé el pechito, y saqué la lengua con orgullo). Él me dijo eso tan importante que tenía que explicarle al Amo adulto, así bien solemnemente, como para que no se me fuera a olvidar niuna palabra.
Lo que vino fue mi ataque de risa (y debo pedir disculpas por eso, porque cuando me río mucho se me cae la baba escandalosamente), y la sorpresa del Amo mini.
Le tuve que explicar a este viajero del tiempo que justamente ayer, sí, ayer mismito, al Amo adulto le había caído la teja sobre eso tan importante, y que andaba todo cocoroco y con el ánimo en las nubes.
El pobre Amito puso una cara de alegría que no te explico, se le cayeron un par de lágrimas y se fue caminando apurado.
El Amo nunca se enteró, o eso quiero creer yo, porque la verdad no quiero ver su cara cuando se entere que sé abrir la puerta de la casa.
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