sábado, 25 de abril de 2026

El condón de la awela

La awela llego un domingo con plátanos y unas cositas cuadradas de papel metálico, q nosotros ya conocíamos pero como no estábamos seguros, nos quedamos calladitos hasta q ella empezó:

—¡Recuerden niños que el condón va en la pishula, no en el corazón!

Por la mirada que le pegamos, la vieja se apuró a explicar:

—Yo soy su awela y me tienen que querer nomás, ahí cagaron. Pero si se terminan acordando más de mí que de mis clases de freír wevitos o cambiar enchufes, se equivocan. El condón va en la pishula: o sea, fíjense en la clase, no en mí. Si me escuchan o me ignoran solo porque soy yo quien habla, prefiero dejar esto hasta acá. A mis palabras es a las que tienen que hacerles cariñito, masticarlas y decidir si les gustan (y háganlas pico si quieren), pero ensáñense con ellas antes q conmigo. Fíjense en el mensaje por la cresta chucha!. Me asusta cuando se ponen el condón en el corazoncito, porque es re fácil dejar de escuchar al ignorante, al pelotudo o al que te cae mal, y al final todos le tenimos un poco deso.

Nosotros nos miramos medio asustados, con la boca llena porque nos habíamos comido los plátanos mientras la awela hablaba. Luego un primo corrió a la cocina a buscar más fruta, la awela agarró el único condón sin inflar y remató la clase:

—Y que les quede claro: si mañana me pongo senil y hablo puras weás, tienen el deber moral de mandarme a la chucha, siempre q primero hayan mandado a la chucha a las weás q haya dicho. Ese es el mayor respeto q puedo esperar d uds. Ya, pásame esa cagá de plátano y abran bien los ojos, que la práctica empieza ahora.

Vieja qla, pucha que la echamos de menos.

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