Y que todo esto que tenemos es un regalo
Así que bueno
No quedará más que transitarlo
Como podamos todo a pleno
El Plan de la Mariposa
Ana entró a la primera puerta cerrada. La palabra intensidad se dejaba leer en una tipografía caótica, como escritas por una niña de 5 años.
El golpe de aire fue instantáneo, un viento fuerte pero grato le tensó los nervios, y avanzó unos pasos sin dejar de sentir la brisa en su cara. No tardó dos segundos y la gravedad desapareció, las piernas le fallaron cuando intentó mantenerse de pie, y se vio cayendo al vacío sin la anticipación que avisa el vértigo. El aire empezó a convertirse en una suave brisa de colores, como un arcoíris extendido en todo lo ancho y largo del cielo, el mismo por donde ella caía. Las risas en su cara no tardaron, se sentía dichosa, como en una explosión de felicidad repentina, abrazada por la sensación de estar volando sobre una nube de colores que la saludaba sólo a ella.
La gravedad volvió y el arcoíris desapareció. Sus pies ahora tocaban un barro denso que la cubría hasta el cuello. El olor que desprendía la hizo notar que no era tierra lo que la hundía, era mierda, el más asqueroso y repulsivo montón de excrementos que jamás podría haber imaginado. Se combinó rápidamente con su propio vómito, y las arcadas incesantes que sólo le abrían más el asco. Cuando a Ana ya no le quedaba lugar para más desesperación, subió la mirada, y ante sus ojos aturdidos vio venir el pie gigante de una persona sobre ella. Un gigante que la iba a aplastar sin concesión alguna, a la velocidad justa para digerir el asco y el miedo juntos.
Su noche continuó en un ir y venir de escenas pendulares. Pasaba del más genuino goce a la turbulenta sensación de que moriría en cualquier momento, ya fuera en los brazos de su madre, en un beso precioso, ahogada en una alcantarilla o constreñida por alambres de púa.
Esa noche la dejó tan agotada que eligió el día siguiente para dormir y descansar de las habitaciones del Hysteria Inn. Sin embargo, volvió cuando el sol se retiraba. Eligió cualquier casa de cualquier lugar y plantó ahí su laboratorio experimental. Entró a los pasillos llenos de puertas y entendió lo que significaba su decisión tan apresurada. Cada puerta revelaría una experiencia, en los términos que ella misma deseaba, algo parecido al Teatro Mágico de Hesse pero personalizada a su medida.
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