El café de la mañana como un pequeño empujoncito.
El montón de palabras del libro de turno
Que te desordenan plácidamente la rutina.
Tu canción favorita a lo lejos,
En el ruido ambiente de la calle.
El gesto cariñoso y sin aviso
Del más querido de tus amigos.
El ansiado sí, por supuesto, de un final feliz.
El grito grupal de un gol de tu equipo.
La coreografía predecible
De los transeúntes en una mañana fría,
O el ritmo sumiso de los autos al detenerse
Para dejarte el paso únicamente a tí.
La palabra precisa, la sonrisa perfecta,
Para amortiguar una tensión promisoria.
La gentileza contagiosa de la señora
Que te vende una golosina a media tarde.
El sudor en las manos de tu cita
Que alivia el nerviosismo de las tuyas.
El chiste rápido y poderoso
Que explota carcajadas en la oficina.
La última pieza del rompecabezas.
La brújula calibrada y a punto
Para una jornada decisiva.
El hueso roto que justo hoy no falla.
El trabalenguas que no traba lenguas.
La pausa activa que te activa hasta el hoyo.
El beso que responde con un beso y medio.
La pista hallada de un enigma descifrable.
Una tras otra, Ana contaba victorias en la habitación de las victorias.
¿Se te ocurre alguna otra?
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