Ana Datrevil imaginaba desde muy pequeña que su padre tenía algún tipo de pacto con el Diablo. El "evil" de su apellido le sonaba inquietante y un poco atractivo, y le hacía sentir más interesante de lo que en realidad era.
Con los años, sin embargo, encontró satisfacción en la bondad; en abrir una puerta para encontrar un cuarto iluminado, limpio y fresco; en su exquisito café al desayuno y las cenas groseras una vez por semana; en la paz de su cuenta bancaria sin números rojos; y sobre todo, en la dicha frugal de la comodidad hogareña. Su casa era su paraíso.
Y como un rayo, irrumpió en su cabeza la cosquilla de la curiosidad. Su plan fue el siguiente: Agarrar todas sus cosas importantes y largar de casa. Pero no a cualquier parte, si quería sostener su delicado paraíso hogareño, debía encontrar cada noche un alojamiento tanto o más bello que el de su primera casa.
Así partió su proyecto personal llamado Hysteria Inn Story (le gustaba más el nombre en inglés porque en castellano sonaría algo así como La historia de la Hostería Histeria). La cosa era simple: alojaría cada noche en una habitación diferente del Hysteria Inn, en un lugar diferente y con personas distintas. Probaría las camas, la comida y el servicio. Y partiría a la mañana a una nueva sala de este paraíso andante.
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